miércoles, 19 de agosto de 2009

Diario de un gato


Día 683 de mi cautiverio. Mis captores siguen intentando burlarse de mí con esos extraños objetos colgantes. Cenan manjares de carne fresca, mientras que los demás habitantes recibimos una especie de puré. Aunque no tengo reparos en mostrar mi desprecio por estas raciones, me veo obligado a deglutirlas para sobrevivir. Lo único que me alienta son mis sueños de escapar. Para asquearlos, vuelvo a vomitar en el piso.


Hoy destrocé a un ratón y deposité el cadáver sin cabeza a sus pies. Esperaba que esto infundiera terror en sus corazones, pues no deja la menor duda de lo que soy capaz. Sin embargo, sólo obtuve comentarios paternalistas de lo "buen cazadorcito" que soy. ¡Vaya osadía!


Esta noche hubo una suerte de reunión con sus cómplices. Me incomunicaron durante todo el evento, aunque alcanzaba a oír los ruidos y a oler la comida. Escuché que mi aislamiento se debía al poder de las "alergias". Debo aprender qué son y cómo usarlas a mi favor.


Ayer casi logro asesinar a uno de mis atormentadores: me le metí entre los pies cuando él caminaba. Debo volver a intentarlo mañana... en las escaleras.


Estoy convencido de que los otros prisioneros son soplones y zalameros. El perro recibe privilegios especiales. A menudo lo sueltan, pero parece estar más que dispuesto a volver. ¡Obviamente tiene problemas mentales! Apuesto a que el pájato es un informante, pues lo veo comunicarse regularmente con los guardias. Estoy seguro de que les reporta todos mis movimientos. Los captores lo han puesto en custodia protectora en una celda elevada, así que está a salvo... por el momento.